Cabezo de la mesa

VISITA AL OPPIDUM CELTÍBERO DEL CABEZO DE LA MESA

El cabezo de La Mesa albergó en la Edad del Hierro (hace unos 2.300 años) un gran Oppidum celtibérico. 


Nos encontramos ante un notable asentamiento protohistórico que al final de la Edad del Hierro habría alcanzado una gran envergadura espacial y política. Ocupa una privilegiada posición geoestratégica, dominando buena parte del Valle del Queiles y terraza del Ebro. 


Según las investigaciones arqueológicas podríamos estar ante un poblado con una superficie de 3 hectáreas, dentro de las 8 hectáreas que tiene de superficie todo el cabezo. 


El recinto del poblado estaría delimitado y defendido por sus 3 costados por los farallones rocosos naturales, y al sur contaría con una muralla y un foso. La muralla parece conservar restos de su paramento. El foso presenta una anchura de unos 12 metros con una profundidad actual de 2-3 metros, que en origen debía ser mayor, ya que actualmente se encuentra colmatada de tierra y cubierta por matorral y esparto. 


Otro foso del poblado se encuentra en El Portillo, por donde pasa el camino actual. Se trata de un foso excavado en la el terreno natural cuyo objetivo era el de aislar artificialmente el Cabezo de la Mesa del resto del montecillo de Peñadil, logrando así separarlo e impedir el paso desde este punto. 


El acceso al poblado en la Edad del Hierro, debía se realizarse mediante una rampa de acceso que partía desde el foso donde está el camino. Tendría una estrategia de entrada al sitio de tipo helicoidal, atravesando el foso longitudinalmente el foso y accediendo al primer recinto del poblado. 


Sus viviendas tienen un carácter semirupestre, combinando la excavación y el planteamiento en la roca madre y la construcción de muros con aparejo de sillarejo y adobes. Este es uno de los motivos por los que apenas se reconocen en el yacimiento materiales correspondiente a la primera fase de ocupación, pues los restos arqueológicos de mayor antigüedad (Bronce Final-Hierro) se localizan dispersos por las laderas del monte. 


No parecen conservase gran potencia estratigráfica del poblado, ya que la roca madre de yeso aflora a poca distancia de la superficie. Sí podría reconocerse la traza de las viviendas ya que al ser semirrupestres están excavadas parcialmente en la roca. Por lo que respecta al foso y la muralla, se podría delimitar y excavar parte del alzado de la muralla así como su foso.