Ablitas

HISTORIA Y MONUMENTOS

Ablitas, un lugar que invita a la transcendencia

Sin duda, la historia de Ablitas marca un devenir que ha forjado la idiosincrasia de sus gentes. Un mundo de lucha constante ante la adversidad, en un pueblo donde el Ebro se burla despiadadamente, pero sus moradores han forjado y legado un patrimonio arqueológico variado y diverso que, espera que el tiempo ponga en valor, y también lo haga la administración.


En sus límites municipales se encuentra un poblado celtibérico dominando desde una atalaya natural defensiva, “el Cabezo de la Mesa” (cuyo nombre proviene de que las autoridades municipales ponían la mesa para cobrar los arbitrios a los aragoneses que transitaban por el camino de Borja). En esa colina los valientes celtíberos se defendían de cualquier ataque, en el poblado de 3 hectáreas dentro de las 8 que tiene la superficie de todo el cabezo. Pueblo pastoril y guerrero.


Asimismo, tenemos el mejor tramo de calzada romana conservado en Navarra. Se pueden visitar 160 m. de los que se han excavado 100, todos ellos dentro de la principal vía romana de Italia a Hispania, y es parte del trazado que unía Tarraco (Tarragona) con Asturica Augusta (Astorga).


Además, y puesta en valor por las diversas campañas arqueológicas, tenemos una villa romana en término de “El Villar”, donde se hallan protegidas como yacimiento cuatro hectáreas. En dicho recinto se encuentran ubicadas habitaciones para la estancia de los señores y dependencias dedicadas a elaboración y almacenamiento de los productos agropecuarios. Los niveles excavados visitables corresponden a los siglos IV y V, cronología bajoimperial. También se excavaron estancias de los siglos I y II, aunque actualmente se encuentran cubiertos para su protección. Las estancias residenciales cuentan con un sistema de calefacción hipogeo que recorre todos los habitáculos. Asimismo, entre los restos encontrados destacan una figura de bronce que representa a Cupido y una leona, también de bronce, que serviría de adorno en algún carruaje. Aunque, sin duda, la joya de la villa es un mosaico policromado de motivos geométricos y excelentemente conservado. Se trata de un pavimento de 23,5 m2 de teselas o dados de piedra tricolor (blanco, negro y rojo), con círculos secantes y cruces con una tesela de pirita en el centro.

A su vez, el término municipal cuenta con una necrópolis visigoda pendiente de excavarse y ponerse en valor. Allí moran los últimos visigodos antes de la conquista de Hispania por parte de los musulmanes, Al-Andalus.

La islamización de Ablitas y del Valle del Ebro fue muy importante, habiendo una comunidad musulmana destacada que fue quizás la que edificó en el siglo X la fortaleza castillo que luego en el medievo se volvió a reedificar.

El rey Aragonés Alfonso el Batallador, conquistó a los musulmanes Tudela y los diversos pueblos de la Ribera en 1119, entre ellos, Ablitas. A la muerte sin descendencia del Batallador, García Remírez “el Restaurador”, restaura el reino de Pamplona y recupera Ablitas a los aragoneses. A partir de entonces, todos los conflictos que se produzcan en Ablitas, flanco sur del reino, serán con el vecino reino aragonés. García Remírez pone a vigilar el castillo real de Ablitas al funcionario Gonzalo de Azagra, que permanecerá hasta su muerte, siendo su viuda quien lo restituya al rey Sancho VI “el Sabio”. Con este monarca dejará de existir el reino de Pamplona para transformarse en reino de Navarra.

Carlos II de Navarra (Evreux) mandará la defensa del castillo a su alférez real Martín Enríquez de Lacarra. Sus políticas erráticas, queriendo jugar un papel destacado en la guerra de los Cien Años, hará vulnerable al pueblo de Ablitas frente a castellanos y aragoneses. En esta época tenemos que hacer un inciso para hablar de los judíos, pues tenemos noticias, a partir del siglo XIII, de la familia Abenabez de Ablitas que estuvieron en nuestro pueblo hasta su expulsión 300 años después. A finales del siglo XIII don Juce Abenabez de Ablitas, llamado “el Rico” funda el banco, “Casa de Ablitas” y presta con generosidad grandes sumas de dinero a la nobleza navarra.


Carlos III “el Noble”, concederá en 1405 el señorío de la villa y sus derechos a mosén Martín Enríquez de Lacarra, pero no le entrega la jurisdicción. Juan II, marido de Blanca de Navarra, se enfrenta con el príncipe de Viana, puesto que no quiere cederle el trono que le corresponde, produciéndose una guerra civil entre agramonteses y beaumonteses. El señor de Ablitas defiende, como agramontés, a Juan II frente al príncipe de Viana. Con el triunfo de Juan II, este le concede la jurisdicción baja y mediana en 1450.


En 1512, durante la conquista de Navarra por Fernando el Católico, la señora de Ablitas permaneció fiel a los legítimos reyes y en los castillos de Ablitas y de Marcilla conspiraron los legitimistas.


En tiempos de Felipe IV, Austria menor, los problemas hacendísticos hacen que, para evitar la bancarrota, el conde-duque de Olivares venda jurisdicción por dinero y de este modo, Gaspar Enríquez de Lacarra se hace con la jurisdicción y es, además, nombrado conde en 1652 transformándose el señorío en condado. Este poder condal conocerá un nuevo poder al elegir los Enríquez de Lacarra a Diego Jacinto de Arguedas como alcalde de la villa.

En el siglo XVIII, en la guerra de Sucesión entre Austrias y Borbones, el posicionamiento del reino de Navarra a favor de los Borbones llevará a la invasión en 1710 y 1711 de las tropas aragonesa del archiduque de Austria., donde arrasan Ablitas y su castillo.


En el siglo XIX Ablitas, participará activamente en la guerra de la Independencia. En la batalla de Tudela el castillo jugará un papel destacado. A partir de esta guerra, Ablitas seguirá la coyuntura histórica sin grandes sobresaltos. Su pueblo luchará con ahínco por la vida en un pueblo de secano que ha tenido siempre a sus vecinos mirando al cielo y rogando a Dios para que lloviera.



Monumentos más destacados

Iglesia de santa María Magdalena

De estilo gótico tardío renacentista. Es un templo donde se puede visualizar la construcción más antigua, del siglo XIV, en la torre y dos edificaciones del siglo XVI, una primera de 1564 llevada a cabo por Guillaume Brimbeuf y la posterior, de 1583, de Diego Hurtado, terminando con el remate de la torre, del siglo XVIII. La iglesia alberga retablos del maestro Juan de Gurrea, como el retablo mayor, de estilo manierista, y barrocos del maestro Serrano. Destacando un genial retablo plateresco de Pierres de Fuego.

Castillo medieval

Fortaleza medieval que jugó un papel destacado en la defensa del reino, primero de Pamplona y luego de Navarra, frente a los aragoneses. Consta de una torre gótica del siglo XII, que en origen medía más de 17 metros, que acaba de ser restaurada por Gobierno de Navarra y que merece la pena ser visitada. Además, tiene unas galerías rupestres excavadas en la roca a pico y pala. Unos 12 ballesteros y un alcaide defendían sus muros.

Casa condal

Edificio señorial de los Enríquez de Lacarra y antigua cárcel real. Es un palacio del siglo XVII que se construyó en 1645 y, curiosamente, la piedra de sillería se trajo de "la Torraza" de Valtierra.

Los porches

Ablitas vive apostada en una colina, el Montecillo, que le protege del sur, de Aragón. Es una defensa natural que tiene entrada al pueblo por tres porches que cerraban sus accesos por la noche para evitar a malhechores y bandidos.

Placeta del Olmo

Pequeña plaza pintoresca coronada con un olmo. Lugar singular de Ablitas donde se celebran, entre otras cosas, en verano, los encuentros literarios, haciendo una lectura de poemas por la gente del pueblo.


Paisajes naturales

Aunque su imagen sigue asociándose con paisajes desérticos y sin vida, la estepa de Peñadil, Montecillo y Monterrey, en el municipio de Ablitas, esconde más de lo que deja apreciar a simple vista. Bajo su apariencia árida y desolada, es uno de los ecosistemas de mayor interés de la Península Ibérica por la presencia de especies de conservación prioritaria, como la alondra de Dupont, un ave esteparia, y la conocida como planta jabonera o garbancera, el astragalus clusii.

Esta estepa, típica del valle del Ebro, atesora un rico ecosistema gracias a la capacidad de adaptación de su flora y fauna. Su escasa vegetación, formada por arbustos de bajo porte, matorrales, plantas y suelo desnudo u ocupado por liquen, se combina con cultivos de secano que, estéticamente, dibujan un característico mosaico.

El barranco de la Cañada divide este paraje de Ablitas en dos zonas. En la parte occidental, los suelos están dominados por yesos cristalinos, muy escasos en Navarra. Son precisamente estos minerales los responsables de la vida vegetal del lugar, ya que, a pesar de la sequía, algunas plantas pueden sobrevivir gracias al agua que extraen de minerales como el yeso.

Pero para los abliteros más idealistas y románticos (Francisco Santos Escribano y Juan Carlos Reinaldos) hay un paraje que destaca por encima de los demás. Es un lugar de sueños, sentimientos, metáforas, paseos y meditaciones; lugar de encuentro con la sabia naturaleza. Se trata de "la Abejera", lugar paradisiaco que invita a la meditación transcendental.

Autor: Francisco Santos, doctor en historia.